domingo, noviembre 06, 2005

A ninguna parte


Nota: te has percatado que siempre encuentras ha una persona en la vida, que con un simple detalle te rescata de toda la miseria que nos rodea…

Cuando subí al autobús el olor a transpiración lo sentí como una bofetada. El aire estaba espeso, los vidrios estaban empañados por el vapor que expele el cuerpo. Me dio la impresión que la suciedad de los pasamanos subía por mis brazos, el mal olor, la tierra, los olores más nauseabundos del cuerpo humano los iba absorbiendo mi cuerpo como si fuera una esponja. Cada vez iba subiendo más gente al punto de quedar tan apretados que los pocos espacios vacíos se iban haciendo cada vez más escasos. Los pasajeros tenían muy claro cual era su labor dentro de ella, como si al momento de cancelar su tarifa les entregaban los repartos. Si parecíamos terneros camino al matadero, sin tener al menos la posibilidad de algún derecho a replica, algún reclamo.
Yo estaba de pie en el pasillo, frente a mi estaba sentado tosiendo un anciano, lo observo y pienso porque el tiempo es mortal con el cuerpo. No tranza cada surco en la piel, es como un vestigio de una ardua batalla entre la vida y la muerte. Es injusta e implacable, los recueros se van y con ellos lo siguen la virilidad, el pelo y los dientes. Atrás quedaron las ganas de empezar de cero, de dejar tirado lo que no te gusta y comenzar todo de nuevo. Al final del autobús estaba sentado un hombre con un aspecto desaliñado, con un desinterés a la vida, completamente derrotado. El único escape a su miseria era el masturbarse en el último asiento en presencia de todos. Creo que lo que más lo excita de todo esto era ver tu cara de espanto. Tú estabas a dos asientos de él, al percatarte te levantas con tanta rapidez. Al verte rió, rió de tu cara, de tu espanto, del asco que sientes al verlo ahí tan solo unos metros como un animal que no razona, que no piensa, no siente. Masturbándose, sintiendo tanto placer que hasta yo me espanto.
Me impresiona tu elasticidad Malva, la forma como logras escabullirte entre las personas, como el agua lo hace entre mis manos. Me sobresalta tu flexibilidad, verte ahí moverte me recuerda a una bailarina que con un sutil movimiento se apodera de los espacios. Deja que el aire, el vació que muchas veces esta habitado la tome entre sus brazos y logre la magia de verla volar en el escenario.
Me sorprende el color de tu piel, como si fueras una muñeca de chocolate, lamentablemente en las facciones de su cara todavía esta dibujado el horror. Por tus facciones me imagine que debías tener unos 21 años. Me maravillan tus grandes ojos color marrón. Trato de retener fotográficamente en mi mente tu rostro. ¿Para que?, no sé. Sin saber que algún día nos encontraríamos ¡por coincidencia no!, pero si por obra del destino.
El conductor me apenaba. Verlo ahí sentado como un verdugo, sin querer serlo, porque el también es un cordero camino al matadero. Tantas veces al día recorriendo las mismas calles. El único escenario que cambia es adentro, el de los pasajeros, pero eso ya no le importa, para el todos somos iguales, siempre los mismos, siempre los mismos.
En cada paradero se detiene el autobús, me sorprende que ya nadie baje en la parada, al contrario son muchos los que suben, los pocos espacios vacíos ya están todos saturados del olor, la miseria, de personas y del asco.
Ya no puedo evitar que me rocen, que mi cuerpo este en contacto con muchos otros cuerpos que también les puede producir náuseas al estar en contacto con el mío.
Este autobús avanza, pero siempre al mismo destino. Siempre vamos avanzando ¿A donde? No se, a clases, al trabajo que cada día odiamos mas, en el cual damos tanto por tan poco, donde el costo humano para obtener lo que merecemos es mas alto del que nos pueden cancelar.
Me percato que te bajas en la próxima parada. Ya no te aterra lo sucedido, te vez esplendorosa. Estas alegre porque por al fin llegaste a tu destino. Usas la misma destreza que utilizaste para escabullirte, ahora lo haces para llegar a la puerta trasera. La delicadeza de tus movimientos es como un pañuelo de seda en el cuello de una dama, con una elegancia para salir al paso de una situación desagradable. Tocas el timbre y esperas junto a la puerta que la máquina se detenga. Al bajarte lo haces con un brinco y una alegría, los mismos movimientos que hace un pájaro para embellecer sus plumas en el agua.
En el momento que te bajas Malva sube un grupo de personas. Entre ellas también sube una mujer esplendorosa de edad ya madura de unos 40 años creo que tenia. Cuando la vi subir al autobús no pude ver bien su cara, pero si logre ver su cuerpo, estaba vestida con una falda ajustada y una blusa que generosamente se moldeaba a sus senos, que no dejaba nada a la imaginación. Cada vez se iba acercando mas a mí hasta el punto de sentir su perfume, lo reconocí en el aire, su fragancia me bañaba, era un 212 de Carolina Herrera. Ella rozo con sus glúteos los míos y un escalofrió me recorrió el cuerpo. Me trasmitió su calor, ya no sentía asco. Su roce me excitaba tanto que cada vez apegaba más mi cuerpo al de ella. Sentí vergüenza había caído en el mismo juego del hombre que se masturbaba. Pero eso no me importaba porque su olor a hembra me atrapaba. Llegamos al extremo de rozar por completo nuestros cuerpos. Por suerte nadie se daba cuenta de lo sucedido porque todos empujaban, todo esto era para mi muy extraño nunca había tenido sexo con una mujer sin tocarla, sin conocerla, sin penetrarla. Ahora era ella la que buscaba el calor de mi cuerpo. La forma en como arqueo su columna fue el anuncio de un orgasmo. Después de ese espectáculo me sentí vació, como muchas veces se siente después de un orgasmo pobre, sin sentido, esa sensación de soledad, de entender que era una persona solitaria, de buscar las caricias en una desconocida, engañarme a mi mismo y creer que había hecho el amor con la mujer que mas amaba. Trate de girar para ver su cuerpo, pero las personas que estaban a mi lado me lo impedían, necesitaba decirle en su oído gracias por mostrarme lo miserable que era, lo falto de cariño que estaba.
Por suerte llegaba a mi destino, mañana será todo distinto aunque es muy probable que me embarque en esta mismo autobús, con la misma gente. Correré al final a sentarme en el ultimo asiento, aunque se que va a estar el hombre que se masturba, no me importa porque también estarás tú a mi lado.

2 comentarios:

Blogger Nathalia ha dicho...

gracias por la visita, buen relato, buena forma de graficar lo que para mi es una de las experiencias mas desagradables, una micro, despues de años de analisis descubri mi remedio, me subo rauda y lucho por el primer asiento que se desocupe, luego saco mi libro y mi musica y asi rescato a mi mundo de la masa que me rodea
un gusto
nos leemos
chao

noviembre 06, 2005 5:13 p. m.  
Blogger Esther Croudo Bitrán ha dicho...

Paulo:

Pasé a saludar y a agradecer tu visita. Aún lo he leído tus relatos..pero cuando lo haga te comentaré más.

Saludos

noviembre 07, 2005 10:18 p. m.  

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